Lo que el pulpo me enseñó

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(Posibles spoilers a partir de aquí)

Lo que el pulpo me enseñó: un viaje de sanación bajo el mar

En 2020, el documental sudafricano Lo que el pulpo me enseñó (My Octopus Teacher), dirigido por Pippa Ehrlich y James Reed, sorprendió al público de todo el mundo. Lejos de ser un documental de naturaleza convencional, la película propone algo mucho más íntimo: una historia de conexión, aprendizaje y sanación personal a través del vínculo entre un ser humano y un animal marino.

La película sigue a Craig Foster, cineasta y naturalista, en un momento de profundo agotamiento emocional. Desconectado de su trabajo, de su familia y de sí mismo, decide volver a un lugar que conocía desde niño: las frías aguas de False Bay, en Sudáfrica. Allí, en un frondoso bosque de algas kelp, comienza a sumergirse cada día sin un objetivo claro… hasta que conoce a una hembra de pulpo común.


Cuando la naturaleza se convierte en espejo

El corazón del documental está en la transformación personal de Foster. Al principio observa al pulpo con distancia, casi como un científico silencioso. Pero con el paso del tiempo, esa observación se vuelve relación. Aprender a “leer” el bosque de algas y a comprender los ritmos del pulpo le permite desarrollar lo que él llama el lenguaje del bosque: una forma de atención profunda y respetuosa hacia el entorno.

Uno de los momentos más impactantes ocurre cuando el pulpo pierde un brazo tras el ataque de un tiburón. Lejos de rendirse, el animal sobrevive y regenera lentamente la extremidad. Para Foster, ese proceso se convierte en una metáfora poderosa: ver a la criatura recuperarse le da la fuerza necesaria para enfrentarse a sus propios miedos y bloqueos emocionales. Sus historias, aunque muy distintas, empiezan a reflejarse.


Inteligencia más allá de lo humano

El documental también pone el foco en la asombrosa inteligencia del pulpo, pero sin tratarla como una simple curiosidad científica. Estos animales tienen un sistema nervioso único: aproximadamente dos tercios de sus neuronas se encuentran en los brazos, lo que les permite tomar decisiones y reaccionar de forma casi independiente con cada tentáculo.

A lo largo de la película vemos comportamientos fascinantes, como el uso de conchas y piedras para construirse una especie de armadura protectora. Estas observaciones, documentadas con paciencia y cercanía, no solo emocionaron al público, sino que también aportaron información valiosa a la comunidad científica.


Una forma de filmar que cambia la experiencia

Gran parte de la fuerza del documental está en su lenguaje visual. Foster y el camarógrafo submarino Roger Horrocks tomaron una decisión radical: filmar sin trajes de neopreno ni botellas de oxígeno, a pesar de que el agua alcanza temperaturas de entre 8 y 11 grados. Esa vulnerabilidad física se traduce en una sensación de inmersión total.

El uso de planos subjetivos y macrofotografía permite al espectador sentirse dentro del bosque de algas, casi flotando entre sus columnas verdes. Los cambios de color y textura de la piel del pulpo, producidos por sus cromatóforos, se muestran con un nivel de detalle que convierte cada escena en una experiencia sensorial.


Las preguntas incómodas: ética y proyección emocional

El éxito del documental no ha estado exento de polémica. Una de las críticas más habituales apunta al antropomorfismo, es decir, a la tendencia de atribuir emociones humanas al pulpo. Algunos expertos señalan que conceptos como amistad, cariño o duelo pueden ser proyecciones de Foster sobre un animal cuya forma de percibir el mundo es radicalmente distinta.

También se ha debatido la llamada paradoja de la no intervención. En una escena clave, Foster decide no ayudar al pulpo durante el ataque del tiburón, argumentando que intervenir rompería el equilibrio natural. Para algunos críticos, esa postura resulta contradictoria, ya que su presencia diaria ya había alterado el ecosistema.


Un impacto que va más allá de la pantalla

Más allá de su Óscar al mejor documental en 2021, Lo que el pulpo me enseñó ha tenido un impacto real en el mundo. Ha impulsado la protección del Gran Bosque de Algas de África, un ecosistema fundamental para la biodiversidad marina y la captura de carbono.

Lo que propone la película, en el fondo, es una idea sencilla pero profunda: no somos observadores externos de la naturaleza, sino parte de ella. En ese encuentro silencioso entre un hombre y un pulpo, se sugiere que comprender otras formas de vida puede ser una de las maneras más honestas de empezar a entender la nuestra.